Monumento al Piscador / al momento 1 votos
El Monumento al Piscador en Montemorelos, Nuevo León, es un homenaje directo al corazón trabajador de la región: el hombre del campo. Esta escultura representa al trabajador que se dedica a la pizca de la naranja, actividad que durante generaciones ha sido la base económica y cultural del municipio. Más que una figura de bronce o concreto, el piscador simboliza el esfuerzo diario, la constancia y el orgullo de miles de familias que han hecho de la citricultura su forma de vida.
Montemorelos es conocido en todo el estado como una de las principales zonas citrícolas de Nuevo León, y eso no sería posible sin el trabajo de los piscadores. Desde muy temprano, bajo el sol o entre el polvo de los caminos rurales, estos trabajadores recorren las huertas cortando cuidadosamente el fruto que después llegará a los hogares, mercados e industrias. El monumento captura precisamente ese espíritu de trabajo honesto y silencioso que rara vez aparece en los libros de historia, pero que sostiene a toda una región.
Esta escultura no solo recuerda una actividad económica, sino una tradición viva que ha pasado de generación en generación. Para muchas familias de Montemorelos, la pizca de naranja ha sido durante décadas la principal fuente de sustento. Padres, hijos y abuelos han compartido jornadas en las huertas, creando una identidad profundamente ligada al campo y al trabajo agrícola.
El Monumento al Piscador también es un símbolo de identidad colectiva. Representa a todos aquellos que, con su esfuerzo diario, han contribuido a que Montemorelos sea reconocido como un municipio fuerte, productivo y orgulloso de sus raíces. Es un recordatorio permanente de que el verdadero progreso no solo se construye con grandes obras, sino con el trabajo constante de su gente.
Considerar al Monumento al Piscador como una de las Maravillas Históricas Culturales de Nuevo León es reconocer la importancia del trabajador del campo y de la citricultura en la historia del estado. No se trata solo de una escultura, sino de un homenaje a la dignidad del trabajo, a la identidad de Montemorelos y a una tradición que sigue viva y que merece ser valorada y preservada para las futuras generaciones.
Proponente: Itzel Nallely Nuñez Ibarra
